Sin caja negra: estas son las cinco capas, en el orden en que se ejecutan, con sus fuentes. Es lo mismo que verás citado en tu dossier.
Calculamos los ratios del Cuadro 2 de la Circular 6/2016 del Banco de España —la metodología con la que las entidades clasifican el riesgo de crédito— directamente de tus casillas depositadas: cobertura de intereses, deuda financiera neta sobre EBITDA, fondo de maniobra, autonomía financiera y el resto. Antes de calcular nada, el depósito pasa una verificación aritmética del PGC: activo = pasivo y cada agregado contra su desglose, al céntimo. Si no cuadra, no entra.
Tu CNAE se cruza con la morosidad sectorial oficial del BdE (81 actividades) y con la demografía empresarial del INE: no es lo mismo un 6% de margen en bodegas que en software. El benchmark de tipos usa los tramos TEDR mensuales (be1905/be1903).
Tres modelos clásicos de riesgo de insolvencia votan por separado y dejan su voto a la vista. Ningún modelo decide solo; las discrepancias se muestran, no se promedian en silencio.
Simulamos miles de trayectorias de tus ventas y márgenes para estimar la resistencia de tu capacidad de pago si el año viene torcido — de ahí sale la PD orientativa y la capacidad adicional de endeudamiento con su horquilla.
Al final, las reglas duras: patrimonio neto negativo, incidencias CIRBE relevantes, refinanciaciones recientes y demás knockouts que un analista aplica antes de mirar ningún ratio. Si salta uno, te lo decimos con nombre y apellido — es la primera palanca a trabajar.
Es una calificación metodológica con cada cifra auditable y cada afirmación con su fuente, pensada para que sepas cómo te leerá el analista antes de pedir. No es una decisión de crédito, ni un rating oficial, ni una promesa de concesión: la decisión final siempre es de la entidad. La PD es orientativa y está calibrada con datos públicos (calibración propia v0, en mejora continua con cada cohorte).
Y la IA no calcula. El modelo de lenguaje solo redacta el comentario del analista sobre cifras que el motor ya calculó de forma determinista. Un número inventado no cuadra un balance — y todo balance tiene que cuadrar para entrar.